Un lunes cualquiera
Abres el teléfono antes de levantarte. Un mensaje anuncia cambios en el trabajo. En una red social, alguien de tu edad celebra un nuevo empleo; otra persona se mudó de país; alguien más comenzó una relación, terminó otra o decidió transformar por completo su vida.
Mientras desayunas aparece un anuncio: reinventa tu carrera. Después, otro promete enseñarte a construir tu “mejor versión”.
No ha ocurrido ninguna tragedia. Sin embargo, aparece una sensación difícil de nombrar:
¿Estoy haciendo lo suficiente con mi vida?
Quizá una parte de la inquietud contemporánea nazca precisamente ahí: no solamente de lo que nos sucede, sino de la sensación de que aquello que hoy consideramos seguro mañana podría dejar de serlo.
Cuando lo sólido se volvió líquido
El sociólogo y filósofo social Zygmunt Bauman utilizó una metáfora especialmente poderosa para describir nuestra época: la modernidad líquida.
Los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan una forma estable. Se adaptan al recipiente, fluyen, cambian.
Bauman consideraba que algo semejante había ocurrido con muchas estructuras de la sociedad contemporánea.
Durante buena parte del siglo XX, instituciones como el trabajo, la familia, la comunidad o determinadas identidades sociales ofrecían —con todas sus limitaciones y desigualdades— marcos relativamente duraderos para organizar una vida.
En la modernidad líquida, esos marcos se vuelven menos estables.
El empleo puede cambiar. Las relaciones pueden terminar. Las tecnologías transforman profesiones enteras. Las comunidades se dispersan. Incluso la identidad parece susceptible de ser actualizada.
Pero conviene hacer una distinción: Bauman estaba realizando un diagnóstico sociológico, no formulando una teoría psicológica ni demostrando que la vida moderna produzca necesariamente ansiedad.
Ahí comienza nuestra pregunta.
¿Dónde encontramos a Bauman en nuestra vida cotidiana?
Quizá en el currículum que actualizamos constantemente. En la sensación de que debemos aprender una nueva habilidad antes de que la anterior quede obsoleta.
En las relaciones que pueden iniciarse o terminar desde una pantalla. En el teléfono que reemplazamos aunque todavía funcione. En la presión por renovar nuestra imagen, nuestros conocimientos, nuestra profesión y hasta nuestra manera de pensar.
También aparece en una frase aparentemente positiva: “Siempre puedes reinventarte.”
La posibilidad de cambiar puede ser liberadora. Podemos abandonar caminos impuestos, revisar decisiones, construir otras relaciones o comenzar proyectos a edades en las que generaciones anteriores difícilmente lo habrían imaginado.
Pero la libertad también tiene un reverso. ¿Qué sucede cuando ya no sentimos que podemos reinventarnos, sino que debemos hacerlo constantemente para no quedarnos atrás?
La incertidumbre entra en escena
Aquí la filosofía y la sociología encuentran un interesante punto de conversación con la psicología. La incertidumbre forma parte de la existencia humana. Nunca hemos podido conocer completamente el futuro.
Lo que sí estudia la psicología es nuestra capacidad —o dificultad— para convivir con esa falta de certeza. Existe un concepto denominado intolerancia a la incertidumbre: la tendencia a reaccionar negativamente ante situaciones inciertas y a considerar difícil o amenazante no saber qué va a ocurrir.
Décadas de investigación han encontrado una relación consistente entre una elevada intolerancia a la incertidumbre y problemas como la preocupación y distintos síntomas de ansiedad. Una revisión de 2026 que reunió 115 estudios y casi 29 mil participantes volvió a encontrar asociaciones robustas entre intolerancia a la incertidumbre, preocupación y distintos trastornos de ansiedad.
Esto no significa que vivir en una sociedad cambiante nos condene a padecer ansiedad. Significa algo más interesante: la manera en que nos relacionamos psicológicamente con lo incierto importa.
El intento de controlarlo todo
Cuando la incertidumbre nos resulta insoportable, buscamos certezas.
Revisamos varias veces un mensaje antes de enviarlo. Consultamos compulsivamente las noticias. Imaginamos todos los escenarios posibles antes de tomar una decisión. Postergamos una elección porque queremos estar absolutamente seguros.
O preguntamos una y otra vez: ¿Crees qué hice bien?
El problema es que la certeza absoluta rara vez llega. La investigación psicológica ha encontrado además una relación entre intolerancia a la incertidumbre y mayores dificultades de regulación emocional.
Así aparece una paradoja muy contemporánea: cuanto más intentamos eliminar completamente la incertidumbre, más espacio puede ocupar esta en nuestra mente.
¿Bauman tenía razón?
La tentación sería responder que sí y utilizar los estudios psicológicos como demostración. Pero sería una simplificación. Bauman estaba preguntándose qué tipo de sociedad hemos construido. La psicología pregunta cómo pensamos, sentimos y actuamos dentro de ella.
Son niveles distintos. La investigación psicológica puede demostrar que la intolerancia a la incertidumbre está relacionada con ansiedad y preocupación; no demuestra por sí misma que la “modernidad líquida” sea su causa. De hecho, la incertidumbre, el miedo al futuro y la necesidad de control existían mucho antes de nuestra época.
La aportación de Bauman está en otro lugar: nos invita a observar cuánta estabilidad ofrece —o deja de ofrecer— el mundo que habitamos.
Y la psicología añade otra pregunta: ¿qué hacemos interiormente cuando no podemos obtener esa estabilidad?
El mito de tener la vida resuelta
Quizá una de las contradicciones más interesantes de nuestra época sea esta: vivimos rodeados de posibilidades y, al mismo tiempo, sentimos presión por acertar.
Elegir la carrera correcta. La pareja correcta. El trabajo correcto. La ciudad correcta. El momento correcto para cambiar. Incluso la versión correcta de nosotros mismos.
Pero vivir significa decidir sin disponer de toda la información. La madurez psicológica quizá no consista en eliminar la incertidumbre, sino en desarrollar recursos para actuar aun cuando no tenemos garantías.
La investigación sobre tratamientos psicológicos aporta un dato sugerente: las intervenciones dirigidas a trabajar la intolerancia a la incertidumbre pueden reducirla, aunque todavía se investiga cuáles son los mecanismos más eficaces y duraderos.
No necesitamos conocer todo el futuro para dar el siguiente paso.
¿Y si el problema no fuera cambiar?
Bauman no propone simplemente que el pasado haya sido mejor. Tampoco tendría sentido idealizar sociedades más rígidas, donde muchas personas tenían menos posibilidades de decidir sobre su profesión, sus relaciones o su forma de vivir.
La pregunta interesante es otra. ¿Cómo construir algo significativo en un mundo donde sabemos que casi todo puede cambiar?
Quizá necesitamos aprender una distinción. Flexibilidad no es vivir sin raíces. Cambiar no significa desechar. Reinventarnos no obliga a negar todo lo que fuimos. Y aceptar la incertidumbre tampoco significa resignarnos.
Puede significar reconocer que algunas de las cosas más importantes de nuestra vida —amar, crear, elegir, confiar, comenzar— siempre contienen una parte que no podemos controlar.
Aprender a habitar lo incierto
Quizá nunca hayamos tenido tantas herramientas para anticipar el futuro. Pronósticos, algoritmos, estadísticas, aplicaciones, evaluaciones, opiniones. Y aun así seguimos sin saber qué ocurrirá mañana.
Bauman observó una sociedad en la que muchas estructuras habían perdido su antigua solidez. La psicología nos recuerda que frente a esa incertidumbre no todos reaccionamos de la misma manera y que nuestra capacidad para tolerarla influye en cómo pensamos, sentimos y decidimos.
Tal vez el desafío de nuestro tiempo no sea conseguir que todo vuelva a ser sólido. Quizá sea aprender a construir vínculos, proyectos, convicciones y sentidos aun sabiendo que pueden transformarse.
Si deseas adentrarte en el tema
Zygmunt Bauman — Modernidad líquida.
Es la obra fundamental para comprender su metáfora de una sociedad caracterizada por el cambio, la fragilidad de ciertas estructuras y la incertidumbre.
Dugas, Michel J.; Koerner, Naomi; Freeston, Mark H. — “State of the Science: Intolerance of Uncertainty” (2026).
Una revisión actual sobre más de tres décadas de investigación psicológica acerca de la intolerancia a la incertidumbre.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41620241/
Akbari, Mehdi et al. — “A hierarchical uncertainty framework of anxiety” (2026).
Metaanálisis de 115 investigaciones que analiza las relaciones entre intolerancia a la incertidumbre, preocupación y distintos problemas de ansiedad.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42419154/
Sahib, A. et al. — “Intolerance of uncertainty and emotion regulation” (2023).
Revisión sistemática y metaanálisis sobre la relación entre incertidumbre y regulación emocional.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36965452/
Wilson, Emily J.; Abbott, Maree J.; Norton, Alice R. — “The impact of psychological treatment on intolerance of uncertainty in generalized anxiety disorder” (2023).
Revisión sistemática y metaanálisis sobre las intervenciones psicológicas y la intolerancia a la incertidumbre.
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37271039/
