Para quienes hemos leído a o simplemente escuchado
sobre Agatha Christie (1890-1976), las primeras imágenes que suelen venirnos a
la mente son el misterio clásico, la tensión psicológica y el suspenso que
rodean a los personajes que caracterizan a varias de las novelas de esta escritora
británica conocida como la Reina del
Crimen. Pero esta autora también se arriesgó en otros horizontes temáticos,
sin abandonar ni los ambientes misteriosos ni a los personajes intensos. Es el
caso de Pasajero a Frankfurt, novela
escrita en 1970, que se adentra en el espionaje internacional para desvelar una
conspiración global que entrelaza el control del armamento, las finanzas y la
ciencia para someter al mundo. La propia Christie advierte en el prólogo que no
se trata de una novela policiaca convencional, sino de una ‘fantasía’ o
‘extravagancia’, invitando al lector a abandonar las reglas del misterio
clásico para internarse en un thriller geopolítico.
Desde su título, la
novela nos ofrece una pista simbólica, que se revela en las primeras líneas. La
trama comienza en el aeropuerto alemán de Frankfurt, donde Sir Stafford Nye,
diplomático británico de mediana edad, había llegado desde Malasia, después de
que su vuelo fuera desviado por la espesa niebla que impedía la escala prevista
en Ginebra. Detonado por su “diabólico sentido del humor” y reputación de poca
prudencia, Nye acepta ayudar a una misteriosa mujer, Mary Ann, que le propone
intercambiar su boleto de avión, el pasaporte y su abrigo, a efecto de poder
viajar a Londres y ocultarse de sus enemigos que la esperaban en Ginebra. Esta
decisión de un diplomático que acepta el riesgo por puro “antídoto contra
el aburrimiento” desencadena una serie de eventos que lo involucran en una
compleja red de conspiraciones internacionales.
Mary Ann se erige como el
eje operativo de la resistencia contra la organización secreta “El
Anillo”, desafiando los estereotipos de la espía pasiva y utiliza a Sir
Stafford Nye como cobertura operativa desde su primer encuentro en Frankfurt. El
personaje posee una personalidad decidida, vigilante y audaz, capaz de
orquestar maniobras complejas para salvaguardar información y mantenerse en la
trama. Para ello, adopta los papeles de Daphne Theodofanous en sus traslados
internacionales y de la Condesa Renata Zerkowski, para moverse con libertad
entre la aristocracia europea y los centros de poder financiero.
Otros personajes como
Lady Matilda Cleckheaton y Mr Robinson, se incorporan bajo el estilo muy propio
de Christie, por sus personalidades peculiares y su aporte a la trama de la
novela. En el primer caso, la tía abuela de Nye se trata de una anciana de 90
años sumamente astuta que, gracias a sus viejas conexiones, proporciona la
información clave para desentrañar el misterio. En el segundo, el personaje es
un financiero enigmático que representa el poder del dinero internacional
puesto al servicio de la seguridad.
La obra presenta el clima
de incertidumbre e inestabilidad internacional que privaba a finales de la
década de los 1960´s, caracterizado por protestas juveniles y obreras,
movimientos sociales antibélicos y antirracistas y levantamientos políticos y
contraculturales. Es el caso del movimiento estudiantil en México previo a las
olimpiadas de 1968; las huelgas y levantamientos estudiantiles en Francia; la
Guerra de Vietnam; la Primavera de Praga; los asesinatos de Martin Luther King
y Robert Kennedy, y el Festival de Woodstock, como símbolos de la juventud
contestataria, entre otros acontecimientos.
La manipulación de la
juventud se plantea como uno de los temas centrales. El “nuevo orden
mundial” que busca “El Anillo” se basa en la idea del
“Superhombre” ario de la Alemania nazi, derrotada apenas un cuarto de
siglo antes. La purificación se ofrece a través de la violencia, utilizando al
“Joven Sigfrido” como un ídolo carismático para hechizar a las masas.
Asimismo, Christie parece adelantarse a su tiempo incorporando el miedo a los
medios científicos, como la propuesta del Proyecto Benvo —la “benevolencia” artificial”—, para alterar el
carácter humano y someter a las masas; planteamiento que hoy evoca los debates
sobre la inteligencia artificial y otras tecnologías capaces de influir en la
conducta humana.
Esta novela, accesible en
su lectura pero profunda en sus implicaciones, muestra que Agatha Christie fue
capaz de ir más allá del género detectivesco que la hizo célebre y, sin
renunciar al suspenso, aborda la temática del espionaje, en el marco de los
temores de una época marcada por la Guerra Fría, las ideologías totalitarias y
la manipulación de las masas. Leída hoy, más de medio siglo después, varias de
esas inquietudes siguen vigentes. El desenlace y clímax emocional en una remota
casa en Escocia lo dejo sin revelar; no obstante, les adelanto que, junto con
el cierre de la trama, la Reina del
Crimen nos regala un inesperado respiro romántico, con el matrimonio entre nuestro
inquieto diplomático y la heroína de las múltiples personalidades, teniendo
como testigo simbólico al osito panda, que acompañó a Nye desde que el azar lo convirtió
en algo más que un simple pasajero a Frankfurt.
