La Catrina anda de visita

La Muerte también tiene sus caprichos: envidia la belleza, se atreve a cantar y hasta invita a bailar danzón. En estas calaveritas literarias, Maru Márquez Arellano imagina a una Catrina coqueta, testaruda y algo desafortunada, que termina siendo víctima de sus propias ocurrencias.

Para la maestra Cecilia

La Catrina vio a Cecilia
y se consumió de envidia:
«¡Con un beso de perfidia
le arrebataré la vida!».

Fue a buscarla entre las flores,
muy segura de ganar;
pero Cecilia, sonriente,
no se dejó intimidar.

La flaca perdió su encanto,
se quedó sin qué decir;
vio a Cecilia tan radiante
¡que se tuvo que morir!

La Catrina y Karrola

La Catrina y Karrola chocaron,
las dos se pusieron a cantar;
con sus voces tanto gritaron
¡que a la flaca hicieron temblar!

La huesuda, muy testaruda,
quiso a Karrola imitar,
pero al lanzar su voz aguda
¡los huesos empezó a soltar!

En la tertulia hubo comida,
ofrenda, velas y buen humor;
la Catrina, muy complacida,
posó para la foto de rigor.

Karrola quedó con la duda
y no dejaba de preguntar:
“Si a la Catrina deshuesaron,
¿por qué desnuda salió al posar?”

La Parca y Guillermo

La Parca visitó a Guillermo,
coqueta le guiñó un ojo;
lo invitó a bailar danzón,
¡pero él se puso muy flojo!

«¡Déjame, que ya me duermo!»,
le respondió de mal humor.
La huesuda, del despecho,
cayó enferma de dolor.

Guillermo, vestido de catrín,
la fue a buscar muy galante;
la Parca lo recibió
con un abrazo elegante.

Pero él ya tenía un plan
y puso a calentar el comal;
cuando la flaca se acercó,
¡la echó al fuego sin pensar!

Guillermo quedó complacido,
aunque un poco adolorido;
la Catrina salió tostada
¡y el danzón quedó suspendido!



 

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