Para la maestra Cecilia
La Catrina vio a Cecilia
y se consumió de envidia:
«¡Con un beso de perfidia
le arrebataré la vida!».
Fue a buscarla entre las flores,
muy segura de ganar;
pero Cecilia, sonriente,
no se dejó intimidar.
La flaca perdió su encanto,
se quedó sin qué decir;
vio a Cecilia tan radiante
¡que se tuvo que morir!
La Catrina y Karrola
La Catrina y Karrola chocaron,
las dos se pusieron a cantar;
con sus voces tanto gritaron
¡que a la flaca hicieron temblar!
La huesuda, muy testaruda,
quiso a Karrola imitar,
pero al lanzar su voz aguda
¡los huesos empezó a soltar!
En la tertulia hubo comida,
ofrenda, velas y buen humor;
la Catrina, muy complacida,
posó para la foto de rigor.
Karrola quedó con la duda
y no dejaba de preguntar:
“Si a la Catrina deshuesaron,
¿por qué desnuda salió al posar?”
La Parca y Guillermo
La Parca visitó a Guillermo,
coqueta le guiñó un ojo;
lo invitó a bailar danzón,
¡pero él se puso muy flojo!
«¡Déjame, que ya me duermo!»,
le respondió de mal humor.
La huesuda, del despecho,
cayó enferma de dolor.
Guillermo, vestido de catrín,
la fue a buscar muy galante;
la Parca lo recibió
con un abrazo elegante.
Pero él ya tenía un plan
y puso a calentar el comal;
cuando la flaca se acercó,
¡la echó al fuego sin pensar!
Guillermo quedó complacido,
aunque un poco adolorido;
la Catrina salió tostada
¡y el danzón quedó suspendido!
