El armario lleno
Abres el armario. Está lleno. Sin embargo, tienes la sensación de que no hay nada que ponerte.
Dentro hay ropa que compraste para una ocasión especial, prendas que utilizaste una sola vez y otras que conservan la etiqueta. Algunas ya no te gustan. Otras pertenecen a una versión de ti que parece haber quedado atrás.
Tomas el célular, scrolleas y descubres una nueva colección. Quizá esa camisa sea lo que necesitas. Quizá esos zapatos te hagan sentir diferente. Durante unos minutos imaginas cómo te verías, adónde irías y qué pensarían los demás. Compras.
La satisfacción llega incluso antes que el paquete. Pero algunas semanas después vuelves a mirar el armario. Y nuevamente parece faltar algo.
¿Qué buscamos realmente cuando compramos algo que no necesitamos?
Erich Fromm: dos maneras de existir
En 1976, Erich Fromm publicó ¿Tener o ser?, una obra en la que examinó dos orientaciones fundamentales de la existencia humana.
La primera es el modo de tener: una forma de relacionarnos con el mundo centrada en poseer, acumular, controlar y conservar.
La segunda es el modo de ser: una orientación basada en experimentar activamente la vida, amar, compartir, comprender y desarrollar nuestras capacidades.
La diferencia va mucho más allá del dinero.
Para Fromm, podemos intentar poseer objetos, conocimientos, relaciones e incluso experiencias.
Una persona puede acumular libros sin interesarse verdaderamente por las ideas que contienen. Puede considerar el amor como la posesión de alguien o valorar su educación únicamente por los títulos obtenidos.
Por el contrario, vivir desde el ser supone participar activamente en aquello que hacemos: leer para comprender, amar sin apropiarnos del otro, aprender por curiosidad y crear por el valor de la experiencia misma.
Fromm no estaba proponiendo que las personas renunciaran a sus pertenencias. Su crítica apuntaba a una cuestión más profunda: qué sucede cuando la posesión deja de ser un medio para vivir y se convierte en el fundamento de nuestra identidad.
Cuando comprar significa convertirse en alguien
Pensemos en la publicidad contemporánea. Rara vez se limita a describir las características de un producto.
Un automóvil representa éxito. Un perfume promete seducción. Un reloj comunica prestigio. Un teléfono expresa modernidad. Una determinada marca de ropa puede sugerir pertenencia a un grupo.
No compramos únicamente objetos. En ocasiones compramos los significados que les atribuimos.
La psicología del consumidor estudia precisamente cómo nuestras decisiones de compra se relacionan con emociones, identidad, aspiraciones y pertenencia social.
Esto no significa que toda compra responda a una carencia psicológica. Adquirir bienes puede proporcionar comodidad, seguridad, placer y oportunidades reales.
La pregunta aparece cuando comenzamos a utilizar las posesiones como medida de nuestro valor.
¿Soy más importante porque tengo más? ¿Soy menos valioso si no puedo comprar aquello que otros poseen?
Fromm advertía que, cuando la identidad se construye principalmente alrededor de las posesiones, también se vuelve vulnerable a perderlas.
¿Qué dice la psicología sobre el materialismo?
La investigación psicológica permite examinar una parte de las preocupaciones de Fromm.
En psicología, el materialismo suele entenderse como una orientación que concede gran importancia a las posesiones, el dinero y los bienes materiales como indicadores de éxito o fuentes centrales de felicidad.
En 2014, Helga Dittmar, Rod Bond, Megan Hurst y Tim Kasser publicaron un metaanálisis en Journal of Personality and Social Psychology que reunió 259 muestras independientes y 753 tamaños del efecto.
Los resultados mostraron una asociación general entre mayor orientación materialista y menor bienestar personal, aunque la magnitud de esa relación variaba según las medidas utilizadas.
El hallazgo resulta relevante, pero exige una precisión: una asociación no demuestra que comprar o valorar el dinero produzca necesariamente infelicidad.
También es posible que las personas con menor bienestar busquen mayor seguridad o reconocimiento en las posesiones. Además, las circunstancias económicas y sociales influyen en ambas variables.
Ni la psicología ni Fromm tienen razón en toda su interpretación de la sociedad. Pero sí encuentran motivos para cuestionar una creencia muy extendida: que convertir la adquisición de bienes en una prioridad central garantiza una vida más satisfactoria.
¿Por qué la satisfacción dura tan poco?
Todos conocemos la emoción de estrenar algo: El objeto parece especial, lo cuidamos, lo mostramos. Durante un tiempo nos produce entusiasmo. Después comienza a formar parte de la rutina.
La psicología estudia procesos relacionados con este fenómeno bajo el concepto de adaptación hedónica: nuestra tendencia a acostumbrarnos, al menos parcialmente, a cambios positivos o negativos de nuestras circunstancias.
Esto no significa que todas las satisfacciones desaparezcan ni que comprar algo valioso sea inútil. Significa que la emoción inicial de adquirir un objeto no necesariamente permanece con la misma intensidad.
Una casa puede seguir ofreciendo seguridad muchos años después de comprarla. Una computadora puede facilitar el trabajo y el aprendizaje. Un automóvil puede mejorar considerablemente la vida cotidiana.
Sin embargo, cuando esperamos que cada nueva adquisición transforme de manera duradera nuestra felicidad, podemos terminar persiguiendo una satisfacción que continuamente se desplaza hacia el siguiente objeto.
Compramos algo que deseábamos. Nos acostumbramos. Aparece un nuevo deseo. Y el ciclo comienza otra vez.
¿Es mejor vivir experiencias que comprar objetos?
Una línea de investigación de Thomas Gilovich, Amit Kumar y Lily Jampol ha estudiado las diferencias entre el consumo de experiencias y la adquisición de bienes materiales.
En una revisión publicada en Journal of Consumer Psychology en 2015, los autores encontraron que, en diversas condiciones, las compras experienciales tienden a proporcionar mayor satisfacción que las materiales.
Una posible explicación es que las experiencias pueden fortalecer los vínculos sociales, integrarse en nuestra identidad y generar menos comparaciones con las experiencias de otras personas.
Pensemos en un viaje compartido con amigos. Años después quizá ya no recordemos cuánto costó el hospedaje, pero conservamos una conversación, una caminata inesperada o una situación que todavía nos hace reír.
Sin embargo, sería simplista concluir que gastar en experiencias siempre es mejor. Una experiencia puede convertirse también en símbolo de estatus. Un viaje puede organizarse únicamente para exhibirlo en redes sociales. Y ciertos objetos pueden facilitar experiencias profundamente significativas: un instrumento musical, una bicicleta, un libro o las herramientas de un oficio.
La diferencia no está solamente en lo que adquirimos, sino en la relación que establecemos con ello.
Esta observación nos devuelve a Fromm.
Tener conocimientos o comprender
Hay una dimensión de ¿Tener o ser? que resulta especialmente interesante porque trasciende el consumismo material.
Fromm también examinó nuestra relación con el conocimiento. Podemos estudiar para acumular información, obtener certificados y demostrar que sabemos. O podemos estudiar porque deseamos comprender el mundo.
Imaginemos a dos personas leyendo la misma novela. Una quiere terminarla rápidamente para agregar otro título a su lista de lecturas. La otra se detiene en un párrafo, cuestiona las decisiones de un personaje y relaciona la historia con alguna experiencia personal.
Ambas han leído el mismo libro. Pero su relación con la lectura ha sido distinta.
La distinción de Fromm es filosófica: el conocimiento puede tratarse como una posesión que exhibimos o como una experiencia que nos transforma.
Y esa diferencia nos invita a revisar no solamente lo que consumimos, sino también cómo aprendemos, conversamos y creamos.
¿Qué necesitamos para sentirnos satisfechos?
La psicología contemporánea ofrece otra perspectiva interesante mediante la teoría de la autodeterminación, desarrollada principalmente por Edward Deci y Richard Ryan.
Esta teoría propone que tres necesidades psicológicas básicas desempeñan un papel importante en el bienestar: autonomía, competencia y vinculación.
La autonomía implica sentir que podemos actuar de acuerdo con nuestras decisiones y valores.
La competencia se relaciona con experimentar eficacia, aprendizaje y capacidad para desenvolvernos en el mundo.
La vinculación supone establecer relaciones significativas y sentirnos conectados con otras personas.
Desde esta perspectiva, una vida satisfactoria no depende únicamente de los bienes disponibles, sino también de las oportunidades para decidir, desarrollar capacidades y construir vínculos.
Las investigaciones de Tim Kasser y Richard Ryan sobre aspiraciones personales han encontrado diferencias entre orientar la vida principalmente hacia metas externas, como riqueza e imagen, y hacerlo hacia metas vinculadas con el crecimiento personal, las relaciones y la contribución a otros.
En términos generales, conceder mayor prioridad relativa a ciertas aspiraciones extrínsecas se ha relacionado con indicadores menos favorables de bienestar.
El riesgo de romantizar la pobreza
Aquí conviene introducir un cuestionamiento fundamental. Sería un error interpretar a Fromm como si la carencia material condujera automáticamente a una existencia más auténtica. No es así.
La falta de recursos puede limitar la libertad, afectar la salud, dificultar el acceso a la educación y generar preocupación constante por la supervivencia.
El dinero importa. La vivienda importa. La alimentación, la seguridad económica y las oportunidades también importan.
No es lo mismo comprar compulsivamente objetos de lujo que esforzarse por adquirir una casa o construir un patrimonio que proporcione estabilidad familiar.
La crítica al materialismo pierde profundidad cuando ignora las desigualdades económicas.
Por eso debemos distinguir entre tener lo necesario para vivir dignamente y convertir la acumulación en el propósito central de la existencia.
Fromm no proponía que la humanidad dejara de satisfacer sus necesidades materiales. Su crítica se dirigía a una organización social que podía subordinar el desarrollo humano al consumo y a la posesión.
¿Fromm tenía razón?
Cincuenta años después de ¿Tener o ser?, su pregunta parece adquirir nuevos escenarios.
Hoy podemos comprar desde el teléfono, recibir recomendaciones personalizadas y encontrar productos que prometen resolver casi cualquier incomodidad.
Las redes sociales permiten observar constantemente lo que otros poseen, los lugares que visitan y los estilos de vida que exhiben.
Pero también vivimos en una época en la que muchas personas utilizan la tecnología para aprender, crear, compartir conocimientos y construir comunidades.
La misma herramienta puede servir para consumir pasivamente o para desarrollar nuestras capacidades.
La psicología ha encontrado asociaciones entre materialismo y menor bienestar, así como beneficios potenciales de determinadas experiencias, relaciones y motivaciones personales.
Sin embargo, no puede establecer una división absoluta entre quienes viven desde el tener y quienes viven desde el ser.
Las personas somos más contradictorias. Podemos disfrutar de nuestras posesiones y, al mismo tiempo, cultivar vínculos profundos. Podemos desear prosperidad económica sin convertirla en nuestra identidad. Podemos comprar algo hermoso simplemente porque nos produce placer.
Quizá el problema no sea tener. Sea creer que tener más equivale necesariamente a ser más.
La pregunta detrás de nuestras posesiones
Imaginemos que mañana desaparecieran algunos de los objetos con los que solemos identificarnos.
El automóvil. La ropa. Los dispositivos electrónicos. Los símbolos de reconocimiento.
¿Qué quedaría?
¿Podríamos seguir reconociéndonos en nuestras ideas, afectos, recuerdos, capacidades y decisiones?
¿En aquello que sabemos compartir? ¿En nuestra manera de mirar el mundo?
Para Fromm, el ser no era una esencia inmóvil ni una identidad que debíamos descubrir de una vez para siempre.
Era una forma activa de relacionarnos con la existencia. Amar. Pensar. Crear. Participar. Desarrollar nuestras capacidades humanas.
Aquí aparece una diferencia importante respecto de la cultura de la productividad que examinamos en el artículo anterior sobre Byung-Chul Han.
Para Fromm, la actividad creadora no se reduce a producir resultados medibles.
También puede ser una expresión de vitalidad, curiosidad y compromiso con el mundo.
¿Cuánto necesitamos para ser felices?
Quizá una de las preguntas más difíciles de nuestra época sea determinar qué significa suficiente.
Suficiente dinero. Suficientes posesiones. Suficiente reconocimiento. Suficiente éxito.
Vivimos en sociedades que ofrecen múltiples oportunidades de consumo, pero rara vez nos invitan a preguntarnos cuándo una necesidad ha sido verdaderamente satisfecha.
Fromm propuso mirar la existencia desde otro lugar. Por nuestra capacidad de experimentar, comprender, amar y participar activamente en la vida.
La psicología contemporánea no ofrece una fórmula universal de felicidad, pero sus investigaciones sugieren que convertir el materialismo en una prioridad central no garantiza mayor bienestar.
Tal vez la pregunta es qué lugar ocupa aquello que tenemos dentro de la vida que queremos construir.
Si deseas adentrarte en el tema
Erich Fromm — ¿Tener o ser? (1976).
La obra que inspira este artículo. Fromm distingue entre una existencia orientada hacia la posesión y otra centrada en el amor, la actividad creadora, la participación y el desarrollo humano.
Consultar la edición de Bloomsbury Academic
Dittmar, Helga; Bond, Rod; Hurst, Megan; Kasser, Tim — “The Relationship Between Materialism and Personal Well-Being: A Meta-Analysis” (2014).
Metaanálisis de 259 muestras independientes sobre las asociaciones entre orientación materialista y bienestar personal.
Consultar el estudio en PubMed
Kasser, Tim y Ryan, Richard M. — “A Dark Side of the American Dream: Correlates of Financial Success as a Central Life Aspiration” (1993).
Investigación clásica sobre las relaciones entre aspiraciones económicas, motivación y bienestar psicológico.
Consultar el artículo científico
Gilovich, Thomas; Kumar, Amit; Jampol, Lily — “A Wonderful Life: Experiential Consumption and the Pursuit of Happiness” (2015).
Revisión de investigaciones sobre satisfacción derivada de experiencias y bienes materiales.
Consultar el estudio en Journal of Consumer Psychology
Ryan, Richard M. y Deci, Edward L. — “Self-Determination Theory and the Facilitation of Intrinsic Motivation, Social Development, and Well-Being” (2000).
Un texto fundamental para comprender las necesidades psicológicas de autonomía, competencia y vinculación.
