Cuando nos adentramos en la lectura de una novela, además del interés natural por entretenernos en aquellos momentos que le robamos a la jornada diaria, de manera consciente o inconsciente buscamos una trama con buen ritmo y cadencia, personajes en los que proyectemos gustos y fobias, contextos histórico-culturales que nos atrapen o simples lugares, cercanos o lejanos, capaces de estimular nuestra imaginación. En el caso de la novela del escritor español Javier Marías, publicada en 1992, lo que me atrapó en un primer momento fue su título: Corazón tan blanco. Para quienes crecimos en las décadas de 1960 y 1970, el título puede evocar, como ocurrió en mi caso, la canción A Whiter Shade of Pale, del grupo británico Procol Harum, lanzada en 1967.
Sin embargo, aunque el tono melancólico de aquella composición parece acompañar, de forma difusa, algunos pasajes de la novela de Marías, la afinidad simbólica no deja de ser imaginaria. Mientras que la célebre canción parece haberse inspirado en la suite Air on the G String, de Johann Sebastian Bach, el icónico título de la novela remite a una frase de Lady Macbeth en la tragedia de William Shakespeare, cuando reprocha a su esposo tener un “corazón demasiado blanco”, es decir, demasiado débil, demasiado inocente o demasiado incapaz de sostener las consecuencias morales de sus actos. La blancura del corazón simboliza originalmente pureza, inocencia o ausencia de culpa; pero en Shakespeare esa pureza aparece asociada también a la fragilidad frente al crimen y al conocimiento.
En la novela de Javier Marías, el símbolo se transforma y adquiere diversos niveles de significado. Podría decirse que el “corazón blanco” representa la inocencia previa al conocimiento. El autor nos ofrece como epígrafe una frase de Macbeth que resume la tensión moral entre conocimiento, culpa y conciencia: “My hands are of your color; but I shame to wear a heart so white. Y acto seguido, desde la primera frase, revela en las palabras de Juan, narrador y protagonista, la idea central que acompañará la trama y a sus personajes: “No he querido saber, pero he sabido…”.
Juan, traductor e intérprete de profesión, es el personaje alrededor del cual gira la historia. Debido a su trabajo pasa largas temporadas fuera de España, por lo que la novela transcurre no solo en Madrid, sino también en Ginebra, Nueva York y La Habana. Marías explora la relación de Juan con su padre Ranz, con su esposa Luisa y con su amiga Berta. Sin duda, Ranz desempeña un papel fundamental en la trama: padre de Juan y esposo de Juana, hermana de Teresa, quien se suicidó pocos días después de regresar de su viaje de bodas. Antes de su matrimonio con Teresa, Ranz había estado casado con una mujer cubana a la que conoció en La Habana, y alrededor de cuya muerte gira uno de los secretos centrales de la novela.
El autor teje con maestría la relación entre Juan y Luisa en los ambientes diplomáticos donde se conocen y donde nace una atracción llena de símbolos: “esos labios sonrientes atravesados por un dedo índice que no lograba anular la sonrisa”. En la boda de ambos vuelve a aparecer el tema del secreto, cuando Ranz aconseja a Juan que, en caso de tenerlos, nunca los revele, aun cuando más adelante se refiera al lecho matrimonial como un confesionario. Asimismo, la curiosidad por conocer la verdadera historia de Ranz, las circunstancias de la muerte de su primera esposa cubana y el sentido último del suicidio de Teresa, quien “se mató por algo que yo le conté”, van entrelazando una trama que reconstruye una historia oculta y que acompaña a los personajes hasta su revelación final.
Más allá de la intriga que sostiene la historia, uno de los mayores aciertos de Marías radica en su particular estilo narrativo. La acción avanza lentamente, cediendo espacio a largas reflexiones, asociaciones de ideas y observaciones sobre la memoria, el lenguaje, el matrimonio y la condición humana. De esta manera, Corazón tan blanco nos arrastra a explorar la batalla moral y psicológica entre el silencio y el poder de la palabra, donde cada secreto revelado deja cicatrices irreversibles. No es casual que esta obra se haya convertido en un fenómeno literario y obtuviera el Premio de la Crítica en 1993. Más de tres décadas después de su publicación, sigue desafiando al lector y obligándolo a preguntarse si saber demasiado puede resultar tan peligroso como no saber nada, y si tener un corazón tan blanco constituye un signo de integridad moral o la expresión de una inocencia demasiado frágil frente a la complejidad de la vida.
