La tarde del lunes, Letras de Primavera se llevó a cabo en Casa del Arte, en Xochimilco, con una respuesta entusiasta del público y un programa que reunió danza, cuento, poesía y presentación de libro en un mismo espacio.
A las cinco de la tarde abrió la jornada el grupo de danza “Folkor México”, cuya participación marcó desde el inicio el tono festivo del encuentro. Media hora más tarde comenzaron las lecturas de cuento. La Riada, de Carla Cecilia Cejudo, destacó por su vínculo con la naturaleza; Aquí no hay nadie enfermo, de Patricia Sánchez Fernández, provocó sonrisas y comentarios entre los asistentes por su reflexión sobre la manera en que solemos etiquetar a las personas; Pelusas, de María Eugenia Márquez, fue bien recibida por su capacidad de encontrar materia literaria en lo cotidiano. La estampa, escrita por Leví García Morales, dedicada a Xochimilco también despertó una reacción inmediata entre los vecinos de la zona, que respondieron con calidez y ánimo.
Uno de los rasgos más significativos de la tarde fue la participación activa del público. A lo largo del programa, varios asistentes intervinieron, comentaron las lecturas y recibieron libros donados por los participantes, lo que convirtió el encuentro en algo más que una sucesión de presentaciones: en una verdadera conversación con la comunidad.
La poesía ocupó también un lugar central. El público admiró la memoria y la fuerza de Raúl Galván González, de 97 años, quien declamó con notable precisión y entrega. También fue reconocido Jorge Quintanar, el poeta de la montaña, recientemente homenajeado en Guatemala por su obra. Virginia Galván Bautista sumó a la jornada una participación celebrada por los asistentes.
La presentación de Iván Uriel Atanacio Medellín fue otro de los momentos más aplaudidos del programa. La lectura de Días de aliento despertó interés y entusiasmo: el autor regaló tres ejemplares, el público adquirió varios ejemplares y se llevó además programas firmados por el autor con una frase escrita de su puño y letra, gesto que reforzó la cercanía del encuentro.
El cierre volvió a quedar en manos del Folklor México, cuya participación final fue recibida con una ovación. La respuesta del público confirmó el sentido de una jornada construida desde la diversidad artística y el contacto directo con los asistentes.
Y como suele ocurrir en Xochimilco, la experiencia no terminó con el último aplauso. La tertulia posterior, acompañada por marinas y hojaldres de mole, prolongó la conversación y dejó claro que el arte también encuentra su lugar en la sobremesa, en el comentario compartido y en la convivencia.
Letras de Primavera dejó así una imagen precisa de lo que puede ocurrir cuando la literatura, la poesía, la danza y la comunidad se encuentran en un mismo espacio: una tarde viva, cercana y con eco en sus asistentes.
