Abril: Volver a mirar

Infancia: la mirada persistente

Este número, en torno al Día Internacional de la Niñez, más que celebrar, pregunta:
¿de qué hablamos cuando hablamos de infancia?

En Infancia: el origen del vínculo y la construcción de la seguridad, el texto de Carla Cecilia Cejudo —cuya mirada, también como editora en jefe de nuestra revista, sostiene este número— plantea una clave: la infancia no desaparece, se convierte en estructura. Habita en los vínculos, en la forma en que nos acercamos o nos retiramos, en lo que esperamos del otro.

La infancia no es pasado: es presente en movimiento.

Desde ahí, los demás textos expanden la pregunta.

En La primera vez, de Valentina Siréh Guerra Nava, la infancia aparece desde la intemperie: no como refugio, sino como ausencia; no como juego, sino como despojo. Mirar el cielo por primera vez no es aquí un gesto inocente, sino la revelación de todo aquello que fue arrebatado.

Quizá por eso, para el arte —en las secciones de cine y música, a cargo de Karla Carrola— la infancia es una forma de percepción: la capacidad de sostener la extrañeza sin apresurar su explicación.

Otras formas del tiempo

En Piedra viva, Carla Cecilia Cejudo desplaza esa misma inquietud hacia otro territorio: el de la vida que se construye frente a los moldes heredados. Su escritura —que aquí aparece no solo como obra, sino como continuidad de la mirada editorial que atraviesa la revista— propone pensar la experiencia no como destino fijo, sino como forma en transformación.

En la caricatura Adultos mayores: herencia de sabiduría, de Oscar Luy, los rostros se abren como libros: la experiencia no aparece como cierre, sino como decantación; un tiempo en el que la vida se vuelve, a la vez, relato y densidad.

En La guerra del agua en Tenochtitlan, Guillermo Torres reconstruye un momento en el que el control del entorno redefine el destino de una ciudad.

En Entre el mito del amor y la evidencia sobre la fertilidad, Susana Caracheo Nara cuestiona —a propósito de la primavera— las ideas heredadas sobre fertilidad, distinguiendo entre percepción cultural y evidencia biológica.

En Armas de destrucción masiva, Juan Carlos Villarruel Hemmer examina un presente en el que lo digital ha dejado de ser solo herramienta para convertirse en una forma de poder dentro de un mundo cada vez más vulnerable.

En El trazo de mis pisadas, la entrevista de Nidia Sánchez Hernández a Bachir Ahmed Aomar convierte la palabra en memoria y en resistencia frente al despojo.

En Roque, el Tamayo, Olivia Castillo Alvarado recorre la incertidumbre y la sospecha, donde lo que parecía una misión de vigilancia se transforma en una inquietante exploración del miedo, el poder y la fragilidad de la verdad.

Y en Ojo de Gato, de Brigitte Zamudio, comprendemos que cada nombre no es solo un caso, sino una historia suspendida, una vida arrancada del tiempo común. Frente a ello, el silencio deja de ser opción: recordar es también resistir, y nombrar es negarse a la desaparición.

Este número no busca unificar sus temas, sino hacerlos dialogar: entre la infancia que nos constituye y el tiempo que nos transforma, lo que emerge no es una respuesta, sino una pregunta persistente sobre cómo habitamos lo que somos.

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