Entre el mito del amor y la evidencia sobre la fertilidad

Abril suele asociarse con la primavera, el deseo y los nuevos comienzos, pero ¿qué tanto de esa idea pertenece a la cultura y qué tanto a la biología? La ciencia sí reconoce que la luz influye en el reloj interno, el sueño y el estado de ánimo; en cambio, la fertilidad humana depende de muchos más factores que una estación del año.

Abril tiene una fuerza simbólica difícil de ignorar. En el imaginario occidental, es el mes del florecimiento: la naturaleza reverdece, los días se alargan y el aire parece empujar a las personas hacia afuera, hacia la calle, hacia los otros. No sorprende que alrededor de este mes sobrevivan ideas persistentes sobre el amor, el deseo y la fertilidad. Lo que sí conviene preguntar es otra cosa: ¿abril vuelve realmente más fértiles a las personas o esa lectura pertenece, sobre todo, al terreno cultural?

La parte comprobable empieza con la luz. El Instituto Nacional de Ciencias Médicas Generales de Estados Unidos explica que los ritmos circadianos —los cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de 24 horas— están fuertemente influidos por la alternancia entre luz y oscuridad. En términos simples, más luz diurna puede ayudar a sincronizar mejor el reloj biológico, y eso repercute en sueño, alerta y bienestar. Diversas revisiones científicas también han encontrado que la exposición a la luz durante el día se asocia con mejor estado de ánimo, mejor descanso y una percepción general de mayor bienestar.

Eso ayuda a entender por qué muchas personas dicen sentirse “más vivas” en primavera. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos señala que algunas personas experimentan cambios emocionales estacionales y suelen sentirse mejor cuando regresan los días largos tras el invierno. En otras palabras, el impulso anímico de abril no es una fantasía completa: hay una base biológica relacionada con la luz, el sueño y la regulación del reloj interno. Pero una mejor disposición emocional no equivale, automáticamente, a un aumento universal de la fertilidad.

En fertilidad humana, la evidencia obliga a ser más cautos. Sí existen estudios y revisiones que han documentado variaciones estacionales en concepciones, nacimientos y algunos parámetros reproductivos, incluidos cambios en la calidad seminal en ciertas poblaciones. Sin embargo, los propios trabajos advierten que esos patrones cambian según la latitud, el clima, los hábitos de vida, la contaminación, la temperatura y las condiciones sociales. Es decir, no existe una regla simple que permita afirmar que abril sea, para todas las personas, “el mes ideal” para embarazarse.

De hecho, cuando las instituciones de salud hablan de fertilidad, ponen el foco en otros factores mucho más determinantes que el calendario. El NICHD, en Estados Unidos, recuerda que la fertilidad disminuye con la edad tanto en mujeres como en hombres, aunque el efecto es mayor en mujeres y se vuelve más marcado después de los 35 años. El mismo instituto y otros organismos de salud subrayan además la influencia del peso, la nutrición, el ejercicio, el estrés, las exposiciones ambientales, el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias, así como enfermedades previas o no diagnosticadas.

Eso no vuelve inútil la intuición cultural sobre abril; simplemente la coloca en su sitio. La primavera puede ofrecer un entorno más amable para el encuentro: más luz, más actividad al aire libre, una sensación colectiva de renovación. Todo eso puede favorecer la cercanía emocional, la sociabilidad y el deseo de revisar vínculos. Pero convertir esa atmósfera en una verdad biológica tajante sería un exceso. En humanos, el amor no se activa como un interruptor estacional, y la fertilidad tampoco responde de forma uniforme al mes en el calendario.

La pregunta entonces cambia de forma. En vez de “¿abril es el mes del amor y la fertilidad?”, quizá convenga preguntar: “¿qué condiciones hacen más probable el bienestar afectivo y la salud reproductiva?”. Ahí la respuesta es menos poética, pero más útil. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan, para quienes planean un embarazo, acudir a revisión médica, tomar ácido fólico, evitar alcohol, tabaco y drogas, y cuidar condiciones de salud previas. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos añade la importancia de revisar medicamentos, vacunas, alimentación, ejercicio y antecedentes clínicos antes de buscar embarazo.

Abril, entonces, puede ser una temporada fértil en un sentido más amplio: fértil para reconectar con el cuerpo, ordenar hábitos, dormir mejor, salir al sol con más frecuencia y revisar qué tipo de vínculos queremos cultivar. En lo simbólico, sigue siendo un mes poderoso. En lo biológico, la historia es más compleja y menos romántica: la luz importa, sí, pero la salud reproductiva depende de mucho más que la primavera.

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