Paraíso (Reseña)

En Paraíso, Abdulrazak Gurnah contrapone la belleza de África Oriental con la servidumbre, la violencia y el avance colonial. Esta reseña explora cómo el tránsito de Yusuf hacia la adultez revela las múltiples formas de sometimiento que limitan su libertad.

Paraíso es una novela en la que, paradójicamente, la belleza de los paisajes y la riqueza de las culturas del África Oriental conviven con distintas formas de sometimiento, violencia y pérdida de la libertad. Bajo la mirada de un joven swahili, Abdulrazak Gurnah nos introduce con crudeza, pero también con notable sensibilidad narrativa, en la confluencia de culturas que habitaban esta región en los años previos a la Primera Guerra Mundial, cuando el avance del colonialismo europeo comenzaba a trastocar profundamente sus formas de vida. Nacido en Zanzíbar, Tanzania, en 1948, y profesor retirado de la Universidad de Kent, en el Reino Unido, Gurnah es uno de los siete premios Nobel de Literatura nacidos en el continente africano. Al otorgarle el galardón en 2021, la Academia Sueca destacó «su penetración intransigente y compasiva de los efectos del colonialismo y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes». Paraíso es, sin duda, una de las obras que representan particularmente esa mirada literaria.

En este vasto territorio, que hoy une a naciones como Tanzania, Uganda y Kenia, en torno al gran espejo de agua del Lago Victoria, la novela no solo nos ofrece una historia, sino también el retrato de la confluencia entre una sofisticada cultura swahili de la costa africana y el misterioso contexto de tierra adentro. Este interior profundo, que es fuente de leyendas de hombre lobo, fieras y espíritus, es también reserva de riquezas naturales que propician la codicia mercantil no solo de los poderosos seyyids omaníes de la costa, sino también de mercaderes y prestamistas árabes e hindúes. El contraste entre la codicia del mundo aparentemente civilizado y el África todavía poco explorada en esos años, nos recuerda la novela de Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas (1899), la cual retrata la misma brutalidad del colonialismo europeo, en la densa selva del Congo.

La fuerza descriptiva de Gurnah va más allá de la referencia a los detalles del entorno, los personajes o la trama y les confiere una intensidad particular, sin llegar al exceso. Es el caso de la sequía en la ciudad ferroviaria de Kawa, con su polvo asfixiante o el olor a carne podrida del mendigo Mohammed, lo que contrasta con los aromas del jardín de Aziz. O bien, se revelan también traumas personales a través de descripciones corporales, como la cara desfigurada de Zulekha, el hombro dislocado de Mohammed Abdalla o las cicatrices de Amina.

La trama de la novela se desarrolla alrededor de la vida del apuesto Yusuf, a lo largo del periodo comprendido entre los doce y los dieciocho años de edad. Si bien la estructura de la novela es lineal, contiene varios pasajes retrospectivos de algunos personajes. Asimismo, pudiéramos identificar cierta circularidad en el texto. La novela comienza con un adolescente entregado como prenda por una deuda familiar y concluye con un adulto joven que toma conciencia de su estado real como cautivo sin derechos: un “besador de manos” condenado a la sumisión.

Junto a Yusuf destacan otros personajes, como el tío Aziz, acaudalado e impasible comerciante árabe de la costa oriental de África, refinado en su vestir y sus modales, pero frío y cruel en el trato hacia quienes se encuentran a su servicio. Khalil, al igual que Yusuf, permanece como rehén de Aziz por una deuda familiar y se convierte en mentor del joven durante su estancia en la tienda; tras su aparente desenvoltura, esconde profundas heridas emocionales provocadas por el cautiverio y una inquebrantable lealtad hacia su hermana Amina. Alrededor del protagonista aparecen también personajes secundarios, pero no por ello menos intensos: el rudo capataz Mohammed Abdalla; Amina, la joven de quien Yusuf se enamora, y Kalasinga, mecánico indio establecido en Olmorog, quien muestra una particular generosidad hacia Yusuf y le enseña a leer, escribir y reparar motores.

Un tema subyacente a lo largo de toda la novela es el de la esclavitud, la cual no se presenta en forma de cárceles o contingentes de personas con grilletes. La esclavitud se muestra en formas múltiples y sutiles. Es el caso de la servidumbre por deudas de Yusuf y Khalil; la subordinación de género, de jóvenes como Amina, que son entregadas para pagar deudas y casadas sin su consentimiento, o bien la esclavitud colonial de las poblaciones nativas que sufren el despojo de sus tierras, el cobro de impuestos y la conscripción forzosa para combatir en una guerra ajena.

No obstante su carácter lineal, la novela nos ofrece tres clímax emocionales, cada uno con un significado particular en la transformación de Yusuf. El primero ocurre durante la accidentada expedición comercial hacia el interior del continente, cuando la hasta entonces poderosa caravana de Aziz enfrenta una realidad que desborda sus expectativas. El segundo se produce en el angustioso encuentro de Yusuf con Zulekha, que lo confronta directamente con su vulnerabilidad y falta de derechos. El tercero surge de sus sentimientos hacia Amina y precipita una decisión hasta entonces impensable: por primera vez en su vida, Yusuf intenta elegir su propio destino, aunque la alternativa que se abre ante él encierre una profunda paradoja.

El título de la novela guarda un sentido metafórico. Si bien, en un primer momento nos pudiera evocar los paisajes casi paradisiacos de las selvas y montañas africanas, también encierra, en diferentes momentos de la historia, una profunda ironía dramática. Es el caso del jardín amurallado de Azis, en el que contrastan las flores y espejos colgantes con su función como prisión para ocultar la locura de su esposa Zulekha; o bien, la historia nos muestra un paraíso artificial que oculta la servidumbre por deudas y la pérdida de la libertad. El final de la obra cierra un círculo de opresión, aun cuando el horizonte que se abre para el joven swahili no se aleje mucho de la sumisión. Con ello, el autor parece revelarnos su propia denuncia contra un mundo colonizado, en el cual la única libertad accesible sea el poder elegir la forma de sumisión. Todos estos elementos, sin duda, motivan la lectura amena de esta obra emblemática de Abdulrazak Gurnah.

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