¡Corre y se va corriendo! Septiembre llega con sus banderas, sus plazas iluminadas, sus noches de verbena y, por supuesto, con la lotería: ese juego donde “el que le cantó a la sirena, ganó”, “el que no conoce al diablo, a cualquier barbón se le hinca” y basta escuchar “¡La dama!”, “¡El gallo!” o “¡El catrín!” para empezar a buscar desesperadamente la imagen en nuestro cartón.
Pero esta vez hay una pequeña trampa: aquí las cartas no vienen solamente de la tradición popular, sino de una de las grandes tradiciones de México: el cine.
Así que ¡barájenla y vuelvan a barajar!, porque en esta lotería cinematográfica cada carta esconde una película, un personaje, un actor, una directora, una voz, una canción o una historia que forma parte de nuestra memoria en la pantalla. Del gallo al pescado, de la sirena a la chalupa, iremos descubriendo que las imágenes de la lotería también pueden tener banda sonora, créditos y hasta un buen close-up.
Y como en toda buena partida, aquí también vale gritar: ¡Lotería! Pero cuidado… porque esta vez, para ganar, habrá que reconocer primero las películas.
EL ARPA: Corazón de mezquite
“El arpa vieja de mi suegra ya no sirve pa’ tocar.”
El arpa de nuestra tarjeta no es tan vieja: nos lleva hasta Corazón de mezquite (2019), cinta de Ana Laura Calderón que nos lleva directamente a esta carta.
La película cuenta la historia de Lucía, una niña yoreme que sueña con tocar el arpa, un instrumento ligado a la tradición musical de su comunidad. Su deseo se enfrenta a una antigua prohibición: en su pueblo, el arpa es considerada un instrumento para hombres.
Ese discurso sí es más viejo que el arpa vieja de mi suegra y, aunque siga sonando, ya es hora de que deje de tocar.

EL GALLO: El gallo de oro
“El que le cantó a San Pedro, no le volverá a cantar.”
Aquí el que canta es el humilde pregonero Dionisio, quien recibe un gallo moribundo. En la película de 1964, dirigida por Roberto Gavaldón, el ave se convierte en un campeón de las peleas de gallos.
Basada en la obra de Juan Rulfo, con guion del propio Rulfo, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, la película reúne literatura y cine en uno de los grandes clásicos del cine mexicano.

EL PESCADO: Los insólitos peces gato
“Me pescaron vacilando en la puerta del zaguán.”
Relacionamos esta ocurrente y tradicional frase con la carta del pescado. Los insólitos peces gato (2013), ópera prima de Claudia Sainte-Luce, comienza cuando Claudia, una joven solitaria, llega a un hospital por una apendicitis y conoce a Martha, una mujer enferma que vive con sus cuatro hijos.
Lo que comienza como un encuentro casual se transforma poco a poco en una inesperada familia elegida.

EL MÚSICO: Raúl Lavista
“El músico, trompa de hule, ya no me quiere tocar.”
Nuestra carta del músico nos recuerda a Raúl Lavista (1913–1980). No tenía trompa de hule, pero sí una imaginación más elástica que eso.
Lavista musicalizó más de 300 películas y obtuvo seis premios Ariel. Su música acompañó algunas de las obras fundamentales del cine mexicano, entre ellas Macario, El río y la muerte, Abismos de pasión, El ángel exterminador y Tizoc.

EL CATRÍN: Ernesto Alonso
“Don Ferruco en la Alameda, su bastón quería empeñar.”
Ciertamente, alguien paseaba en la Alameda, aunque no era don Ferruco, sino don Archibaldo de la Cruz.
El Catrín nos recuerda inevitablemente a Ernesto Alonso, cuya elegancia y presencia escénica quedaron inmortalizadas, entre otras películas, en Ensayo de un crimen (1955), de Luis Buñuel.

LA SIRENA: Sasha Montenegro
“Con los cantos de sirena, no te vayas a marear.”
¡Y qué sirena! Ni más ni menos que Sasha Montenegro, actriz y vedete.
Su participación en Bellas de noche (1975), considerada una de las películas fundacionales del cine de ficheras, la convirtió en uno de los rostros más reconocibles de aquel periodo.

LA CHALUPA: María Candelaria
“Rema y rema, Joaquinita, y no dejes de remar.”
La carta de la chalupa nos recuerda a la inmortal María Candelaria y su amor con Lorenzo Rafael, cuya historia tiene como escenario los canales de Xochimilco.
Dirigida por Emilio “El Indio” Fernández, es uno de los grandes monumentos del cine mexicano.
María Candelaria obtuvo el Grand Prix y el premio a Mejor Fotografía en Cannes, convirtiéndose en una de las obras mexicanas más reconocidas internacionalmente.

EL VALIENTE: Pedro Infante
“Tate quieto, Valentín, no te vayas a pelear.”
Nuestro valiente —o Valentín— nunca se estaba quieto. Pedro Infante, actor y cantante, participó en más de 60 películas y dejó personajes inolvidables que tampoco se quedaban precisamente quietos y que siempre estaban dispuestos a una buena pelea, en cintas como Nosotros los pobres, Los tres García, A toda máquina y Tizoc.
Fue uno de los máximos ídolos de la Época de Oro del cine mexicano.

EL DIABLITO: Simón del desierto
“El diablo son las mujeres cuando se quieren casar.”
Parece premonitoria la carta del diablito: ni más ni menos que la gran Silvia Pinal.
Pero ese diablito no se quería casar; más bien quería cazar al santo asceta. Pinal nos brindó una interpretación provocadora, irreverente y única en Simón del desierto (1965), dirigida por Luis Buñuel.

EL CORAZÓN: Sara García
“El corazón de una ingrata, yo lo voy a traspasar.”
La eterna “abuelita de México”, Sara García, traspasó, durante la Época de Oro del cine nacional y para siempre, el corazón de todas y todos los mexicanos.
Su carrera comenzó en el cine mudo. Sus abuelas podían ser cariñosas, severas, mandonas, terribles o entrañables; detrás de la imagen de la abuelita dulce había una actriz de enorme fuerza escénica.

EL COTORRO: Cantinflas
“Perico, da’cá la pata y empiézame a platicar…”
Si algo dominaba Mario Moreno “Cantinflas” era la cotorreada, o la platicada, tanto y con un estilo tan característico que de su apellido surgió “cantinflear”: hablar de manera disparatada, enredada o aparentemente sin decir nada.
Con pantalones caídos, bigote escaso y su característica indumentaria, dijo, con enorme humor, algunas de las más profundas verdades, siempre expresadas con mucho corazón.

LA DAMA: María Félix
“La chula de Severiana, un tacón quería empeñar.”
La Doña, la gran diva, no nos parece que hubiera querido empeñar un tacón, pero como chula nadie le ganaba.
A esto se sumaban una presencia poderosa y una inteligencia que no solo la hicieron una estrella, sino que la convirtieron en un mito reconocido más allá de nuestras fronteras.
Porque si alguna mujer podía convertir una carta de lotería en una declaración de poder, era La Doña.

LA MUERTE: Macario
“La muerte siriquiflaca, montada en su burra flaca.”
Nuestra Muerte no pudo ser más siriquiflaca que la de Macario (1960), dirigida por Roberto Gavaldón.
La Muerte tienta a Macario, el humilde campesino que vive obsesionado con comer un guajolote entero sin compartirlo con nadie. La película fue estrenada en Cannes y se convirtió en la primera cinta mexicana nominada al Óscar a Mejor Película Extranjera.
Macario es, además, una película inseparable del imaginario mexicano del Día de Muertos.

Esta Lotería de Cine Mexicano es una invitación a jugar, pero también a mirar de nuevo nuestro cine: a reconocer sus películas, descubrir otras, recordar a quienes las hicieron y celebrar la enorme diversidad de historias que caben bajo una misma palabra: México.
Así que pongamos la mesa para disfrutar la cena mientras vemos el Grito, saquemos las cartas de la lotería, pongamos un frijolito sobre la carta que ya cantó el gritón y dejemos que la suerte decida cuál será la próxima película que volvamos a mirar.
¡Felices fiestas patrias!
¡Lotería!
